Escuchadores de voces

Presencias que acompañan

El fenómeno de escuchar voces, o las alucinaciones auditivas, en ausencia de un estímulo externo que las cause ha despertado y despierta mucho interés tanto en académicos como en la población en general. Es un hecho intrigante e incluso enigmático. Esto genera una necesidad de obtener conocimientos para comprender mejor el fenómeno, para llegar a intervenciones que sean efectivas para su tratamiento.

A pesar que el enfoque psiquiátrico ha sido el preponderante, la escucha de voces también ha sido relatada de forma diversa en diferentes culturas alrededor del mundo. Antes de la psiquiatría, estas vivencias estaban fuertemente asociadas con la iluminación espiritual, la santidad, la creatividad, la visión filosófica y no sólo con la locura y la enfermedad.

Sócrates, Moisés, Edvard Munch, Virginia Wolf y Ghandi están entre las personalidades más reconocidas que lograron decodificar sus voces de una manera singular en concordancia con sus cosmovisiones del mundo.

Alrededor de un 4 por ciento de la población puede escuchar voces regularmente, sobre todo si están atravesando situaciones de duelo, separación o pérdida, si han sufrido eventos traumáticos de la infancia o bien si han estado expuestas a condiciones extremas o de privación sensorial. Según este enfoque, lo que las voces dicen está relacionado con lo que le está sucediendo al escuchador de voces en el presente.

Dando voz a la diversidad de la experiencia humana

Las voces que resuenan en la mente, lejos de ser un síntoma de enfermedad, pueden convertirse en un canto a la diversidad humana. Así lo defiende el Movimiento de Escuchadores de Voces (HVM), una red internacional que desde finales de la década de 1980 aboga por un cambio de paradigma en la forma de abordar las alucinaciones auditivas.

Inspirado por el trabajo del psiquiatra holandés Marius Romme, el HVM surge en un contexto donde las alucinaciones auditivas se consideraban, casi por defecto, un signo de enfermedad mental que debía tratarse mediante medicación. Romme, sin embargo, propuso un enfoque radicalmente distinto: comprender las voces como experiencias significativas en lugar de simples síntomas patológicos.

El HVM tiene cuatro principios:

  • Aceptación: Las voces se aceptan como experiencias válidas y significativas, en lugar de verse como síntomas patológicos.
  • Comprensión: Se anima a las personas que escuchan voces a explorar y comprender el significado de sus voces en el contexto de sus propias vidas.
  • Afrontamiento: Se busca desarrollar estrategias para afrontar las voces de manera positiva y constructiva, en lugar de intentar suprimirlas o evitarlas.
  • Empoderamiento: Las personas que escuchan voces se empoderan para tomar el control de sus propias experiencias y tomar decisiones informadas sobre su atención médica.

Más allá del silencio: estrategias de afrontamiento


El HVM no se limita a aceptar las voces; también promueve el desarrollo de estrategias para afrontarlas de manera positiva y constructiva. Entre ellas se encuentran:

  • El diálogo con las voces: Se fomenta la comunicación con las voces para comprender mejor su mensaje.
  • La reinterpretación del significado: Se busca darle un nuevo sentido a las voces, integrándolas a la propia narrativa personal.
  • El establecimiento de límites: Se aprenden técnicas para establecer límites saludables con las voces, evitando que dominen la vida personal.


 


 


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